La gran objeción
contra la Filosofía
En el mundo moderno
se mira con desdén y desprecio a la Filosofía. Hay
varias razones que militan a favor de esta posición. Se sostiene,
por ejemplo, que la Filosofía es un saber inútil y
por añadidura abstruso. Se olvida, o mejor no se sabe que,
como dice Popper, (p. 224) “todos los hombres y mujeres son
filósofos, aunque unos más que otros” y que,
por lo tanto, todos de algún modo y de cierta forma alguna
vez hacen filosofía, mala, barata e inconsciente si se quiere,
pero la hacen y creen y aceptan su propio punto de vista, que entonces,
si les parece diáfano y correcto,
Son muchos los rasgos que caracterizan a la sociedad moderna, por
ejemplo el rápido e intenso cambio, la secularización,
el enorme desarrollo científico, etc. El que nos interesa
y se pretende analizar ahora en relación con la Filosofía,
es la importancia enorme que se le da a la utilidad, tanto que con
frecuencia se caracteriza a lo inútil como totalmente privado
de valor.
Es tan definitoria esta pauta que casi sería posible calificar
a lo moderno unicamente con el rasgo de lo útil, por oposición
a lo tradicional, donde abundaban no solo los saberes inútiles,
sino también comportamientos de la misma especie.
Causas Sociales
Quizá la primera y fundamental causa del cambio es:
1) el nacimiento de la ciencia. Ella explica, por lo demás,
la transformación de múltiples aspectos de la vida.
El hombre moderno entusiasmado por sus logros, se ha desentendido
del saber filosófico, que ha perdido el rango de un modo
considerable. Ya no interesa “lo que es”, sino como
lograr “seguridad, confort y tiempo libre”, (Habermas)
2) Con la sobrestimación de la tecnociencia se ha desvalorizado
el saber teórico y, en particular, la Filosofía. El
hombre moderno impregnado de utilitarismo es atraído solo
por el saber práctico. El saber por el único placer
de saber no le interesa. Dice con extrañeza el hombre actual,
¿por qué se estudia lo que no sirve? Resulta incomprensible
a los oídos modernos escuchar que un saber inútil
como la metafísica –y que para colmo no fácil
de entender- pueda tener alguna importancia.
3) El pragmatismo se ha enseñoreado de tal forma, que parece
haber creado una atmósfera casi universal en el sentido de
identificar el valor con la utilidad. Lo que no es útil no
sirve y por tanto no tiene valor alguno.
. Una cosa tan importante como el hecho de que los grandes descubrimientos
de la ciencia teórica han vuelto posible los enormes avances
técnicos, lo sabe cualquier experto, pero lo ignora el hombre
común. El descubrimiento del principio de incertidumbre de
Heinsemberg, como el de la relatividad de Einstein tuvieron una
enorme utilidad y produjeron importantes avances técnicos,
pero su búsqueda fue producto de la curiosidad, del deseo
de saber y no de algún objetivo práctico. Algo semejante
ocurrió con la ley de gravitación universal de Newton
y en cierta forma con la penicilina efectuada accidentalmente por
Flemming, producto en parte de la casualidad. Resulta claro que
la utilidad es una consecuencia de la verdad y de su búsqueda
de un modo desinteresado. Lo falso es lo que se debe desdeñar
no por inútil, sino porque al no ser verdad normalmente es
dañoso. A su vez, el saber interesado con frecuencia es miope,
no ve más allá de sus narices, porque no persigue
el panorama ilimitado del puro conocer, sino que está circunscrito
por la sola obtención de lo útil, resultando por lo
tanto de alcance mínimo y de escaso valor. En cambio, el
saber por placer produce consecuencias tan sorprendentes como inesperadas.
Nora Bär, inteligente periodista encargada de la sección
científica advierte, a su vez, citando a Jorge Baudino, sobre
el error de creer que “La idea de que la cultura fundamentada
en la búsqueda desinteresada del saber es la responsable
de la escasa interacción entre la universidad y el sector
productivo” (La Nación, “Horizonte bianual”,
24-8-05).
Causas ideológicas
1) El escepticismo metafísico, resultado del progreso científico.
2) Dinamismo ontológico. Siguiendo al marxismo y ante el
intenso cambio social, el hombre moderno se ha convencido que todo
cambia, nada permanece.
3 ) Irracionalismo. El hombre obra por sus sentimientos, su voluntad
parece impotente.
4 ) Activismo. No se trata de conocer. Como dice Marx, “los
filósofos han interpretado el mundo, lo que hay que hacer
es cambiarlo”
Este conjunto de efectos ha contribuído para que se descrea
de la capacidad humana de conocer la realidad o se pierda interés
en ella, a lo que se ha unido el deseo moderno de vivir placenteramente.
Consecuencias
Las principales consecuencias que produce esta actitud supervalorativa
de lo útil son las siguientes:
1)Se lleva una vida profundamente pragmática, lo que prodece
graves consecuencias sociales. (Lahr II, p. 76 y sig)
2) Tiene lugar un desprecio por el saber teórico, en particular
por la Filosofía, como es obvio por todo lo dicho. Su conocimiento
es una pérdida de tiempo que no se justifica.
3) La armonía de la vida social se complica. Cuando la gente
no cree en los deberes intrínsecos, sino sólo tiene
por guía la propia utilidad no se pueden imponer obligaciones
que valgan por sí mismas. Se corre serios peligros de rupturas
en la armonía social. Ella exige un mínimo de desprendimiento,
una cierta búsqueda del bien ajeno y del bien común.
Y no resulta fácil justificar sacrificios en nombre de la
utilidad.
Objeciones contra el espíritu utilitario
Lo primero que se debe advertir es que una sociedad inspirada fundamentalmente
en la utilidad como valor supremo, corre riesgo de colapsar si el
ideal se sigue con escrupulosidad. Solo puede alguien estar dispuesto
a hacer sacrificios cuando hay buenas razones de creer que ellos
permitirán obtener logros propios materialmente superiores,
casos tan excepcionales, que en la práctica suponen la invalidez
del principio.
.
¿Pero, es realmente inútil la Filosofía?
Asi como para Aristóteles la Filosofía es inútil,
para Piepper (p. 93) ella es un saber libre en el sentido de que
es “inutilizable”, es decir, que no se deja utilizar
y sacar de sí misma una aplicación inmediata, no puede
ser utilizada para fines extraños a ella. No es un saber
“útil”, sino “libre”, un saber no
de funcionarios, sino de gentlemen. Por eso no recibe su legitimidad
de su utilidad. No es que no exista relación entre la filosofía
y el bien común, pero lo que es un fin en sí mismo
no puede ser convertido en un medio para otro fin.
El gozo de conocer ha consolado a los pensadores de todos los tiempos
maravillosamente de la miseria, de la mediocridad, de la incomprensión,
de la contradicción, de la estulticia hostil. Muchas veces
han aparecido como pobres, mezquinos, miserables, un tanto locos,
despreciables; se los ridiculizaba y se los compadecía, pero
su alma estaba iluminada y jubilosa. ¿Qué importa
vivir en la penuria, ser incomprendido y oscuro, cuando se vive
en el centelleo de la gran gloria que se eleva, aquí abajo,
hasta el horizonte? . No hay duda que los griegos sentieron intensamente
este goce y por eso se dedicaron con tanta pasión a su búsqueda.,
como Sócrates y luego Descartes, Kant, y tantos otros.
Por otro lado, hay cosas inmensamente valiosas que no proporcionan
utilidad, por el contrario generalmente demandan gran trabajo como
por ejemplo: tener hijos, gozar de la compañía de
los padres, casarse –nadie se casa por la utilidad que puede
prestar y, a veces, puede ser muy grande- amar a los demás,
contemplar la naturaleza y las obras de arte y todo lo que ha hecho
el hombre y puede ser materia de ella. Lo absurdo de los enormes
precios de las obras de arte de Rembrand, Picasso, Van Gogh, etc.
que se han vendido a muchos millones de dolares, es que no se compran
para gozar con su contemplación, sino como un modo de inversión
pecuniaria. Los altos precios no significan que se valore el arte,
no se los adquiere por el goce que suscita su contemplación,
sino para lograr prestigio y asegurar una inversión financiera.
Se puede preguntar, ¿para qué sirve una madre vieja
y enferma? Solo para dar trabajo. Luego, ¿se practicará
la eutanasia? ¡Dios nos libre! Es la gratitud y el amor lo
que nos mueve a cuidarla y desear que viva y nos produce goce, no
su utilidad.
Es cierto que casarse es útil. Para el varón le soluciona
el problema sexual, tiene cocinera, lavadora y doméstica
que le limpia la casa, etc. Para la mujer dispone de alguien que
la proteja, le contribuya con la manutención, le evite hacer
la plancha en una fiesta, etc. ¿Quiere decir que alguien
se casa por eso? ¿O lo hacen porque se aman y desean gozar
del placer de vivir juntos?.
Los hijos cuando crezcan seguramente podrán ser nuestro sostén,
auxilio y protección, mientras en su niñez y adolescencia
dan cualquier cantidad de trabajo. ¿Por qué se los
desea tener? ¿Por su utilidad? Huelga la respuesta.
Quizá por esto, como sostiene Santo Tomás, se entiende
la tesis medieval, que hoy parece tan absurda, de que es “necesario
para la perfección de la comunidad humana que haya hombres
que se consagren a la vida no útil de la contemplación”.
Conclusión
Se debe luchar contra la tendencia moderna a considerar a la utilidad
uno de los mayores valores humanos, lo que mueve a desvalorizar
la Filosofía, un saber fundamentalmente no útil, aunque
de valor supremo, porque nos plantea los grandes problemas de la
existencia de cuya solución dependerá nuestra vida.